Acabemos con la corrupción, allá donde se instale

*Augusto González es escritor y presidente de la Liga Anticorrupción

*Por Augusto González González

La corrupción es un problema sistémico que se ha extendido por toda España y que genera el despilfarro y la mala utilización del dinero público. Nuestra clase política, la que debiera representarnos en las instituciones, ya ha olvidado lo que significa el concepto de servicio público, e incluso muchos se presentan señalando a la política como una profesión, lo que les distancia gravemente del resto de la sociedad. Lamentablemente una gran parte de la ciudadanía española se siente apartada y discriminada por los políticos cuya función tendría que ser representarnos en esas instituciones, y que por el contrario no hacen sino representarse a sí mismos y a sus partidos. Esa dependencia de los partidos se produce puesto que son estos los que reparten cargos y puestos en listas electorales a quienes se han dedicado a hacer carrera interna en los partidos, olvidando a los ciudadanos que han depositado su voto de confianza para que ‘en nuestra representación’ puedan dirigir y gobernar la Nación. En consecuencia, esa dependencia genera a su vez una cadena de trato de favores de los políticos y los partidos hacia militantes y simpatizantes con los que poder conservar el electorado que le vota en cada comicio. En esta red clientelar está en gran parte el despilfarro del dinero público, puesto que los favores deben pagarse, y en base a esa relación incestuosa reside una parte de la financiación partidista oculta e incluso, la designación de cada vez más cargos públicos cubiertos por correligionarios, colegas y familiares a través de la que los partidos políticos han ido ampliando su base social. Todo ello se ha ido realizando con la coartada de la descentralización administrativa basada en el modelo autonómico, y que enla Transiciónno se pensó que fuera a degenerar en miles de organismos y empresas sostenidas con el dinero de los contribuyentes hasta llegar a la multiplicidad de un Estado que está manteniendo a 445.000 políticos, lo que constituye una de las causas fundamentales de la situación insostenible que hoy día estamos sufriendo.

En España hay dos clases sociales distintas y confrontadas: Por una parte está la clase política privilegiada y generada al calor de la mala interpretación de los partidos, que vive instalada en el hermetismo del poder, y cuyas ramificaciones crecen interrelacionadas por colegas, familiares y hasta socios de negocios personales de los políticos de turno. Por otra está el resto de la ciudadanía y en especial la clase media y trabajadora, que es quien está sosteniendo y pagando los platos que otros rompieron.

Hoy día ya no necesitamos hombres y mujeres de partido, sino que el tiempo político marca la necesidad de que tomen las riendas hombres y mujeres de Estado que sepan sacrificarse por y para los ciudadanos y que tengan un auténtico concepto de servicio público al que dedicarse durante un tiempo determinado. Estos deben ser lo suficientemente cualificados y capacitados como para poder dirigir una Nación, sin querer hacer de la política una profesión, sino que este servicio público debe ser una vocación con la que poder enorgullecerse dados los servicios prestados a la ciudadanía.

La idea original de una descentralización del Estado en que se apoyóla Transiciónde avanzar hacia un modelo autonómico coordinado, eficiente y efectivo, identificándo con la ciudadanía de todo el territorio español y un proyecto de vida en común, ha ido degenerando y tergiversándose hacia una multiplicación ilógica de las diferentes administraciones públicas, así como en la creación de espacios de opacidad y de falta de control ciudadano. Esto ha creado una descoordinación y superposición de funciones que ha permitido colocar en la administración a toda esa pléyade de correligionarios que son controlados por los partidos políticos con mayor representación en cada una de las distintas autonomías y municipios, creando esos espacios opacos que generan el despilfarro del dinero público y la corrupción. Los partidos pretenden, y de momento consiguen, que las cuentas públicas no estén controladas por los ciudadanos, para así poder hacer con el dinero de todos, lo que más convenga a cada momento a su entorno y a su red clientelar, de ahí que se sigan recortando los recursos e ingresos de todos, con tal de que ellos no vean afectado su nivel y calidad de vida.La Leyde Transparencia  debería de modificarse por no ser igual para todos, ya que deja fuera a casi el 50% del presupuesto manejado por entidades fuera de ese control, sin que los ciudadanos podamos saber en qué y cómo se gastan el dinero público, el dinero que aportamos todos los españoles. Si queremos que cambie el sistema para poder luchar contra la corrupción y los corruptos, el conjunto del Estado español debe de ser transparente e íntegro en sus cuentas. Sólo así podremos afrontar nuestro destino con solvencia.

También hay que decir que los órganos competentes que debieran controlar los gastos de los partidos y las administraciones, así como las gestiones de la clase política, tendrían que ser completamente independientes y ajenos al conjunto del poder partitocrático, que es quien designa en la actualidad a esos “controladores”, reproduciéndose el refrán de la zorra guardando las gallinas. Hay que lograr garantizar la independencia de estos órganos institucionales, comenzando por aplicar los acuerdos internacionales estipulados contra la corrupción y que España incumple pese a haberlos rubricado.

Un grupo importante de ciudadanos nos hemos unido y constituidola Liga Anticorrupciónpara luchar desde ella contra los corruptos y la corrupción allá donde se instalen quienes quieran defraudar a España y a los españoles. Esto no es cuestión de un partido u otro, porque a todos les afecta. Es un problema sistémico. Si hay opacidad en las instituciones, habrá despilfarro y corrupción; si hay opacidad en la opinión pública, no habrá garantía de libertad de expresión.

Hoy más que nunca debemos permanecer unidos porque los auténticos protagonistas somos los ciudadanos que sufrimos la crisis en todas las modalidades de nuestra vida social, económica y personal. Debemos pedir responsabilidades a quienes con sus malas gestiones y medidas injustas juegan con nuestras vidas y destinos. Ahora somos nosotros los que tenemos que recuperar el mando de nuestro destino, y ganar así de nuevo ante el mundo la credibilidad que España y los españoles nunca debió perder.  Las puertas están abiertas para todos los que quieran sumarse, con el compromiso serio y certero de que todos juntos acabaremos con la lacra de la corrupción y el despilfarro, sea cual sea su modalidad y el lugar en que se encuentre. La impunidad tiene que terminar, y esta alta tarea moral es a la que están llamados todos cuantos quieran legar a sus hijos, un futuro mejor que el que nos legaron nuestros padres. En nuestras manos está la solución.

Publicado en el diarioelaguijon  digital

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